lunes, 25 de enero de 2016

Carrera de orgullosos

A las siete y media de la mañana se citó a los competidores a la carrera, todos llegaron puntuales con su ropa deportiva muy concentrados en ganar. Antes de empezar hablaban entre ellos cada uno adjudicándose ser el corredor más rápido.
Decenas de espectadores ya habían hecho sus apuestas al corredor que le tenían fe. A pesar de haber muchas, la mayoría de las apuestas confiaron en el mismo competidor. Este se había hecho famoso por todo el esfuerzo que ponía en cada carrera.
Se dispusieron todos los corredores a comenzar alineándose en la partida y cuando el juez disparó al aire corrieron a toda velocidad. Al principio no se podían distinguir las posiciones que ocupaban, iban todos empatados pero cada uno pensaba que iba ganando.
De los doce competidores uno comenzó a quedarse atrás por una milésima de segundo pero la distancia fue haciéndose cada vez mayor y todos notaron que él era el último. Al percatarse de esto el número doce miró a su alrededor, le pareció que las miradas burlonas del público, se reían de él y que otras lo miraban con enojo por haber perdido dinero apostando a su velocidad. De pronto se detuvo y salió de la pista, no soportaba el fracaso y menos en público.
Ahora estaban bien claras las posiciones en que se encontraba cada uno y el número once al ver que el anterior último competidor se había retirado se dio cuenta que él había pasado al último lugar en la carrera. Intentando pasar desapercibido se escabulló por el costado de la pista y se fue sin dar explicación alguna.
Lo mismo hizo el diez, luego el nueve, el ocho, el siete, el seis, el cinco, el cuatro y el tres, cada uno con una manera distinta de salirse de la competencia. Algunos se iban enfurecidos pateando los carteles y decoraciones del evento ya que no toleraban perder cuando se creían los mejores, otros se iban silenciosamente pero de todas maneras el público lo notaba. El tres se excusó diciendo que su zapato se había desamarrado pero todos los espectadores se dieron cuenta cuando él mismo se agachó y lo desamarró.
Finalmente quedaban solo dos competidores y unos cincuenta metros  para terminar. Muchos esperaban que el segundo hiciera lo mismo que los otros y se saliera de la carrera, sin embargo la terminó trotando mientras el primero sudaba y se ahogaba con su respiración agitada.
El primero celebrando entre lágrimas se alegraba de haber sido el mejor y haber humillado a los otros competidores. Además de conservar la confianza de los tantos apostadores que creyeron en él por el esfuerzo que ponía en cada carrera. El segundo no era orgulloso y había apostado todo su dinero al primero.

Fin.